lunes, 15 de junio de 2015
DINA DÍAZ
la calma
I
El sol del mediodía.
Una garza blanca sobre una roca negra.
El mar soñoliento pule la piedra.
II
Una mano rosada
sobre un vientre dormido.
III
Impasible, quieto
como una amor antiguo
con los secretos remolinos
escondidos en el hondo fango,
el lago entrega sumisamente
su verde-azul
al azul del cielo.
DINA DÍAZ, poeta uruguaya.
Del libro "De los Modos del Morir"(1986)
* * *
lunes, 8 de junio de 2015
ALEJANDRA PIZARNIK
UN ABANDONO
Un abandono en suspenso.
Nadie es visible sobre la tierra.
Sólo la música de la sangre
asegura residencia
en un lugar tan abierto.
De "Los trabajos y las noches" (1965)
* * * *
domingo, 7 de junio de 2015
CESARE PAVESE
Un recuerdo
No hay hombre que llegue a dejar una marca
sobre ella. Cuanto ha sido, se disipa en un sueño,
como la calle en una mañana, y sólo queda ella.
Si no fuese rozada la frente por un instante,
parecería perpleja. Sonríen las mejillas,
cada vez.
Ni siquiera se acumulan los días
sobre su mirada para cambiar la sonrisa ligera
que irradia hacia las cosas. Con dura firmeza
hace cada cosa, pero parece siempre la primera vez;
sin embargo vive hasta el último instante. Se entreabre
su sólido cuerpo, su mirada ensimismada,
a una voz acallada y un poco ronca: una voz
de hombre cansado. Y ningún cansancio la toca.
Al mirarle la boca, entorna la mirada
esperando: ninguno osaría un arrebato.
Muchos hombres saben de su ambigua sonrisa
o de la arruga imprevista. Si hubo ese hombre
que la supo gimiente, humillada de amor,
paga día tras día, ignorando por quién
ella vive este presente.
Sonríe a solas
la sonrisa más ambigua caminando por la calle.
UN RICORDO
Non c'è uomo che giunga a lasciare una traccia
su costei. Quant'è stato dilegua in un sogno
come via in un mattino, e non resta che lei.
Se non fosse la fronte sfiorata da un attimo,
sembrerebbe stupita. Sorridono le guance
ogni volta.
Nemmeno s'ammassano i giorni
sul suo viso, a mutare il sorriso leggero
che si irradia alle cose. Con dura fermezza
fa ogni cosa, ma sembra ogni volta la prima:
pure vive fin l'ultimo istante. Si schiude
il suo solido corpo, il suo sguardo raccolto
a una voce sommessa e un po' rauca: una voce
d'uomo stanco. E nessuna stanchezza la tocca.
A fissarle la bocca, socchiude lo sguardo
in atessa: nessuno può osare uno scatto.
Molti uomini sanno il suo ambiguo sorriso
o la ruga improvvisa. Se quell'uomo c'è stato
che la sa mugolante, umiliata d'amore,
paga giorno per giorno, ignorando di lei
per chi viva quest'oggi.
Sorride da sola
il sorriso più ambiguo camminando per strada.
Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. AULICINO
Non c'è uomo che giunga a lasciare una traccia
su costei. Quant'è stato dilegua in un sogno
come via in un mattino, e non resta che lei.
Se non fosse la fronte sfiorata da un attimo,
sembrerebbe stupita. Sorridono le guance
ogni volta.
Nemmeno s'ammassano i giorni
sul suo viso, a mutare il sorriso leggero
che si irradia alle cose. Con dura fermezza
fa ogni cosa, ma sembra ogni volta la prima:
pure vive fin l'ultimo istante. Si schiude
il suo solido corpo, il suo sguardo raccolto
a una voce sommessa e un po' rauca: una voce
d'uomo stanco. E nessuna stanchezza la tocca.
A fissarle la bocca, socchiude lo sguardo
in atessa: nessuno può osare uno scatto.
Molti uomini sanno il suo ambiguo sorriso
o la ruga improvvisa. Se quell'uomo c'è stato
che la sa mugolante, umiliata d'amore,
paga giorno per giorno, ignorando di lei
per chi viva quest'oggi.
Sorride da sola
il sorriso più ambiguo camminando per strada.
Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. AULICINO
* * *
martes, 26 de mayo de 2015
MARCELO MARCOLIN
La amante
negra de Mao Tse Tung
“Al
principio yo dudaba porque era negra”
Jack Kerouac
La amante de
Mao Tse Tung era negra.
Había
llegado de lejos / tan lejos como el deseo de Mao.
Dos veces al
año bajaba del silencio hasta Pekín.
Era negra /
tan negra como esos agujeros secretos. Era negra y el pelo rojo
tan de
acuerdo al régimen precoz y a los blasones que adornaban
el cuarto de
Mao Tse Tung.
Ella untaba
su cuerpo con óleos mágicos enviados desde la India. Olores
extremos /
sabrosos / carnales. En ese instante
el brillo
iluminaba los cielos y las estrellas / desterraba los males
y encendía
las furias más intensamente guardadas en la inmensidad del apetito.
Cuando el
viento aullaba entre las columnas / Lin Biao convocaba a la amante
a penetrar
en los bosques amables de una habitación casi en las sombras
sombras
humeantes de intrigas y aromas. Ella / cual hechicera / hurgaba sigilosa
los
silencios envueltos en una bandera roja.
Mao la
esperaba al borde de una gran cama dorada
/ entonces
comenzaba su tarea. Suave y delicadamente decía en el oído de Mao:
Zedong /
Zedong. Y le
otorgaba al líder la bondad y la delicia.
Fraseaba en
su cuerpo los acordes sublimes de una melodía
llegada
desde un horizonte en llamas. Ella entendía los buenos secretos
del amor y
sus laberintos / del himen esparcido en la angustia
de una
guerra sin final / del dolor de ser el oculto placer de la revolución.
La amante
negra de Mao viajaba por las geografías y pensamientos de un Mao
destronado /
perpetrado / condenado.
Ella
repetía: Zedong / Zedong. El callaba y gemía. Abría sus ojos al espacio
y destinaba
babas al destino. Mientras ese cántaro de ébano y carne encendido
alzaba ecos
de lenguas sobre lenguas
y los
espíritus del placer
se esparcían
por las ventanas de una ciudad
que siempre
estaba dormida en sus propios prismas.
Y otra vez /
la mujer sobre las muecas del líder / y otra vez: Zedong / Zedong
y la lluvia
llevándose los rituales de un dragón arrojado en los roperos
de una revolución
que sigue agitándose más allá de la ventisca.
Zedong /
Zedong y el penúltimo sabor de una amante negra
preparando
la secuencia del beso inesperado entre los arcos de la muerte.
La amante de
Mao Tse Tung era negra y una tarde de tan poco sol
partió tan
lejos / tan lejos como parten el adiós o la soledad /
los suicidas
de rojo / los pájaros de plumas de fuego y algunas revoluciones.
MARCELO MARCOLIN.
(1957-2011)
(1957-2011)
* * * * *
viernes, 26 de diciembre de 2014
ATTILIO BERTOLUCCI
LA ROSA BIANCA
Coglierò per te
l'ultima rosa del giardino,
la rosa bianca che fiorisce
nelle prime nebbie.
Le avide api l'hanno visitata
sino a ieri,
ma è ancora così dolce
che fa tremare.
E' un ritratto di te a trent'anni,
un po' smemorata, come tu sarai allora.
l'ultima rosa del giardino,
la rosa bianca che fiorisce
nelle prime nebbie.
Le avide api l'hanno visitata
sino a ieri,
ma è ancora così dolce
che fa tremare.
E' un ritratto di te a trent'anni,
un po' smemorata, come tu sarai allora.
LA ROSA BLANCA
Cortaré
para ti
la
última rosa del jardín,
la rosa blanca que florece
en
las primeras nieblas.
Las
voraces abejas la han visitado
hasta
ayer,
pero
es todavía tan dulce
que
nos hace temblar.
Es un
retrato tuyo a los 30 años,
un poco desmemoriada, como tú serás entonces.
Traducción: J L Salvi
* * *
* * *
sábado, 5 de julio de 2014
POETAS CHINOS DE LA DINASTIA T'ANG
DE MAÑANA
Los capullos del duraznero
sonrosaron con la lluvia nocturna,
Los sauces reverdecieron
con la niebla matinal;
Los pétalos caídos no fueron
barridos aún por los criados.
Los pájaros cantan. El morador
del cerro duerme aún.
WANG WEI.
RIO NEVADO
Un centenar de colinas
y ningún pájaro;
Un millar de sendas
sin una huella;
Una barca solitaria;
una cobertura de bambú.
En el frío río nevado
un viejecito pescando.
LIU TSUNG-YÜAN.
A TU FU
En la Colina del Arroz Cocido
me encontré con Tu Fu;
Era en el tórrido mediodía
y sostenía un sombrero de bambú.
Dime: ¿Cómo es
que has adelgazado tanto?
¿Sufres acaso de poesía?
LI PO.
Del libro Poetas chinos de la dinastía t'ang (618-906). Ediciones Mundonuevo (1961).
Selección y traducción de RAÚL A. RUY.
* * *
martes, 13 de mayo de 2014
CANCIONERO ANÓNIMO
Dentro en el vergel
morirè.
Dentro en el rosal
matarm'han.
Yo m'iba, mi madre,
las rosas coger;
hallè mis amores
dentro en el vergel.
Dentro en el rosal
matarm'han.
* * *
No quiero ser monja, no,
que niña namoradica sò.
Dejadme con mi placer,
con mi placer y alegrìa,
dejadme con mi porfìa,
que niña malpenadica sò.
* * *
Abaja los ojos, casada;
no mates a quien te miraba.
Casada, pechos hermosos,
abaja tus ojos graciosos:
no mates a quien te miraba.
Abaja los ojos, casada;
no mates a quien te miraba.
* * *
¿Agora que sé de amor me metéis monja?
¡Ay, Dios qué grave cosa!
Agora que sé de amor de caballero,
agora me metéis monja en el monesterio.
¡Ay, Dios, qué grave cosa!
* * *
Lindos ojos habéis, señora,
de los que se usan agora.
Vos tenéis los ojos bellos
y tenéis lindos cabellos,
que matáis, en sólo vellos,
a quien de vos se namora.
Lindos ojos habéis, señora,
de los que se usaban agora.
* * *
Ya cantan los gallos,
amor mío, y vete:
cata que amanece.
Vete, alma mía,
más tarde no esperes,
no descubra el día
los nuestros placeres.
Cata que los gallos,
según me parece,
dicen que amanece.
* * *
Malferida iba la garza
enamorada:
sola va y gritos daba.
Donde la garza hace su nido,
ribericas de aquél río,
sola va y gritos daba.
* * *
Publicado por DAMASO ALONSO en Cancionero y Romancero Español.
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